EXPERIENCIA

Capítulo 4

Negué con la cabeza, Paul se acomodó su chaqueta, miro al hombre de arriba a abajo y se fue sin decir más.

—Gracias por ayudarme —le dije al desconocido.

—Señorita... Gatita 

Abrí los ojos y mi piel se puso blanca

—¿Cómo me dijo?

—No se su su nombre señorita, mi jefe, el hombre con el que habla todas las noches, me envió para que la cuide.

Negué con la cabeza. Con las manos temblorosas intenté pasar las cosas a la cajera para pagar la despensa, pero el hombre paso una tarjeta para pagar mis gastos.

—Digale a su jefe que no, no quiero su dinero y que esto me da miedo, el no deberia saber dónde vivo.

Agarre mis cosas y aunque el hombre se veía muy caballeroso, la idea de que me hubiera encontrado de un día para otro me parecía escalofriante.

Me encerré en el apartamento y le conté todo a Lucía, ella de Inmediato me dijo que yo no podía tener contacto con los clientes fuera de la web, era una regla de oro de la empresa.

—Nos pueden despedir a las dos.

Estaba muy nerviosa, decidí conectarme esa noche para ponerle límites al señor B.

Me pidió una llamada privada cuando me vio en línea 

—Ya me dijo Esteban ¿Estás enojada? —pregunto con una bebida en su mano.

—No puede cruzar los límites, la empresa me puede despedir a mi y a mi amiga, si quiere le regreso el dinero pero...

—No estoy loco ni obsesionado —bebio un trago —Solo ... No he dejado de pensar en ti desde que te conocí, me he conectado por años en esta web y eres la primera que me entendió.

Sus palabras parecían halagos, en sus ojos podía ver que decía la verdad.

—No está bien que envíe a alguien a cuidarme.

—Lo siento, no se qué es lo que me pasa contigo, quiero cuidarte y amarte —miro a la cámara como si me estuviera viendo a los ojos —¿Por que no me dejas conocerte? Amarte.

No supe que responder. En ese momento la página bloqueo la sesión y me puso una sanción de tres días donde no me podia conectar o sería expulsada.

Muy temprano en la mañana del tercer día, el jefe de la web llegó a nuestro apartamento, Lucía se puso muy nerviosa e intento explicar que ese cliente había pasado los límites pero el hombre no la dejo hablar.

—Vine a decirles que la empresa fue comprada está mañana, está noche el dueño quiere una reunión con las modelos web que tenemos. 

Lucía y yo nos empezamos a arreglar desde muy temprano, ella me dijo que teníamos que ganarnos su favoritismo para que nos hicieran promoción en la página.

La verdad es que yo no sabía si quería seguir en esa mundo, con el dinero que me había ganado en mi primer mes, sentía que era suficiente para abrir una pastelería.

Llegamos a la fiesta, llena de invitados, la mayoría mujeres muy sensuales, y dos de ellas curvy como yo, incluso una más gordita pero las dos tenían una seguridad arrolladora, una sensualidad que veia en sus poros y me hizo sentirme confiada.

Hubo un brindis por parte del jefe que levantó la copa

—Quiero presentarles al nuevo dueño de Chicassensuales.com, aunque desea por el momento mantener su nombre en anónimo.

Los aplausos en el salón no se hicieron esperar, pero yo me congelé, mis manos temblaban, era el, el señor B

Dio un discurso de volver grande a la empresa que no entendí y ordenó que la fiesta continuará.

Ignoro a las modelos que se acercaron a él y se dirigió hacia mi con esa mirada que me atravesaba en las cámaras.

Me tomo de la mano y la besó

—Si tengo que comprar el internet completo para tenerte cerca, lo haré.

Le pedí que habláramos en el jardín, lejos de las miradas de todos que eran curiosas.

—¿Que es lo que hace? Usted...

Me besó, y yo aunque quise resistirme cedí a ese beso, porque también soñaba con este momento.

—Por favor... Yo...

—Se que estás confundida, pero te voy a dar el tiempo que necesites para que me dejes amarte.

Tome un poco de aire, sus ojos me atrapaban de una manera que nunca sentí antes, siempre creí que lo que sentía por Paul era amor de verdad. Pero con el nunca sentí que podía salir volando.

—Ahora estoy lista.

Me tomo de la mano, la lleno de besos u nos fuimos de la fiesta en su automóvil último modelos rodeado de escoltas.

—¿Cual es tu nombre? —le pregunte aún titubeando.

—Hoy no gatita, mañana nos quitamos las máscaras. Hoy solo somos Gatita XL y señor B

Accedí.

Al llegar a su lujoso penthouse en la zona más costosa de la ciudad, note que estaba decorado para una noche especial con champán y rosas en la cama, con una sonrisa le pregunté:

—¿Sabias que iba a ceder esta noche? —bromee tomando una copa de champán de un solo sorbo.

—No específicamente, pero siempre estoy un paso adelante.

Me besó y yo empecé a quitarle la camisa. B. me detuvo con suavidad, sus manos grandes recorriendo mis curvas.

—Déjame adorarte primero, mi Gatita —susurró contra mis labios.

Me recostó en la cama con cuidado, como si fuera algo precioso. Sus dedos deslizaron los tirantes de mi vestido negro, desnudando mis pechos y mi vientre. No había vergüenza; solo su mirada hambrienta y llena de ternura.

—Eres tan hermosa… Estas curvas me vuelven loco —murmuró mientras besaba mi cuello, bajando por mis senos. Chupó un pezón, apretando mis caderas anchas—. Cada rollito, cada kilo tuyo es perfecto. Eres mi diosa XL.

Me abrió las piernas con gentileza y entró en mí despacio, llenándome por completo. Gemi clavando las uñas en su espalda. Sus embestidas eran duras y firmes, sus manos no dejaban de acariciar mi vientre, mis muslos gruesos.

—Así, mi amor… déjate llevar—jadeó en mi oído—. Eres mía y yo soy tuyo.

Me besó con ternura mientras yo solo gemia sintiendo como me amaban, como alguien adoraba lo que yo era.

—Señor... Yo...

—Si mi amor... Si

Lance un grito desde la garganta, mi cuerpo tembló y una sensación en mi pecho me hizo llorar y reír al mismo tiempo.

Era un orgasmo mucho más intenso que el de nuestras noches, más real casi como si me devorara el alma.

Bruno me abrazó fuerte, besando mi frente sudorosa.

—Te amo preciosa —gruño y se vino dentro de mi mientras los dos reíamos emocionados por el momento maravilloso que habíamos imaginado.

Me quedé dormida en su gran cama y me desperté en la mañana por el olor a café y huevos en la cocina.

El no estaba a mi lado. Cantaba desde la cocina, me acerqué y cocinaba feliz el desayuno.

—¿Dormiste bien preciosa? —? Me pregunto con una sonrisa.

Asentí con la cabeza aún incrédula de lo que pasaba.

—Me llamo Catalina, creo que es hora de decir nuestros nombres —suspire nerviosa esperando verdad en sus labios.

—Ya que quieres quitar el misterio te lo diré, soy Daniel Baldrich.

Abrí los ojos, por supuesto que reconocía ese nombre, Daniel Baldrich el heredero del imperio de los Baldrich.

Pero ese nombre lo tenía aún más grabado por otro motivo.

—¿Eres el hijo de Hank Baldrich?

El sonrió y asintió con la cabeza mientras lamía su dedo con un poco de crema chantilly.

—Asi es preciosa —paso su mano por mis labios para que relamiera la chantilly.

—¿Conoces a Cassandra Baldrich? —tartamudee

—Si, ella es ... Mi medio hermana, digamos la bastarda de papá.

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