EL MAESTRO

Capítulo 3

Estaba temblando con mi máscara puesta cuando le di aceptar a su invitación.

El estaba allí con una sonrisa en los labios, era un hombre mayor quizás de unos 45 años, pero muy guapo de esos hombres que se cuidan y se ven atractivos y sensuales.

—¿Eres nueva verdad? —me dijo con un sonrisa.

—Si, es la primera vez, y creo que fue un error —estaba tartamudeando.

—¿Estas mojada? —dijo con una voz ronca.

Abrí los ojos y me sonroje, la verdad es que si, saberme deseada por estos hombres, que incluso me dijeron que se estaban tocando me pareció muy excitante y eso me hacía sentir mal.

—¿No me vas a contestar? —dijo mientras bebía una copa de whisky.

—Si... Un poco.

El sonrió y miro a la cámara con una mirada que me penetró el alma

—Entonces sigue en este trabajo, debes hacer lo que te gusta y esto te gusta.

Agache la mirada, no sabía cómo fluir en la conversación.

—¿Cómo me puede ayudar? —repetí, con la voz entrecortada.

Señor B se inclinó un poco más hacia la cámara. Sus ojos oscuros brillaban deseo y curiosidad por mi. Bebió otro sorbo de whisky y dejó la copa a un lado.

—Te voy a guiar paso a paso, Gatita. No tienes que pensar, solo obedecer. ¿Confías en mí por esta noche?

Asentí lentamente, me acomode la máscara con miedo a que supieran que era yo.

—Bien. Primero, respira hondo. acaríciate los pechos por encima de la tela. Suave.

Mis manos temblaban cuando las subí. Rozé la curva de mis senos y un escalofrío me recorrió la espalda. Los apreté suavemente.

—Así… más fuerte. Pellizca tus pezones por encima del encaje. Quiero ver cómo se ponen duros.

Obedecí. Un gemidito se me escapó cuando tiré ligeramente de ellos. Estaban sensibles.

—Buena chica —gruñó él, y su voz se volvió más ronca—. Ahora quítate el sostén. Quiero verte.

Me puse de pie frente a la cámara, di la espalda un segundo para desabrocharlo y dejé que la prenda cayera al suelo. Mis pechos pesados rebotaron. Escuché cómo él suspiraba agitado.

—Joder, Gatita… mírate. Son perfectas. Tócate ahora sin nada. Imagina que es mi boca.

Hice exactamente lo que me pedía. Mis dedos giraban y pellizcaban mientras sentía un calor acumulándose entre mis piernas. La máscara me daba una extraña sensación de libertad; nadie veía mi cara, solo mi cuerpo.

—Estás mojándote más, ¿verdad? —preguntó con una sonrisa llena de deseo—. Dime la verdad.

—Sí… —susurré, avergonzada y excitada.

—Bien. Ahora siéntate en la silla, abre las piernas hacia la cámara y sube una mano por tu muslo. Acaricia el borde de tus bragas.

Me senté, separando las piernas. Mis dedos temblorosos subieron por mis muslos hasta rozar la tela húmeda.

—Pasa los dedos por encima de la braga. Siente lo mojada que estás. Frota tu clítoris por encima de la tela… círculos lentos.

Un gemido fuerte se me escapó cuando empecé a mover los dedos. El placer era intenso, nuevo. Nunca me había tocado así, con alguien mirándome.

—Más rápido ahora. Presiona más fuerte. Quiero oírte.

Mi respiración se volvió jadeos. Los dedos se movían cada vez más rápido sobre la tela empapada.

—Quítate las bragas. Quiero verte.

Me levanté un segundo, bajé la tanga negra por mis caderas anchas y me senté de nuevo, expuesta. Abrí más las piernas, avergonzada pero incapaz de parar.

—Dios… eres una diosa —murmuró él—. Ahora métete un dedo. Despacio. Siente lo apretada que estás.

Introduje un dedo y gemí más duro. Estaba resbaladiza, deje que el guiara cada paso

—No pares preciosa, me gusta que te empieces a liberar

Mis caderas empezaron a moverse solas contra mi mano. Los sonidos húmedos se escuchaban. Mis pechos se mlvian con cada movimiento. El placer subía, subía…

—Estás cerca, lo veo en tu cara. No te detengas. Quiero que te corras para mí. Córrete, Gatita XL. ¡Ahora!

Mis piernas temblaron sin control, mi cuerpo convulsiono, nunca había sentido algo igual.

Con Paul habíamos tenido relaciones, pero siempre terminabamos cuando el acababa, nunca me sentí plena con él, pensé que eso era lo normal, hasta que un desconocido y los dedos me mostraron otro camino.

Señor B soltó un gemido bajito de satisfacción.

—Esa es mi chica… Mira cómo tiemblas. Eres hermosa. 

Me quedé allí, desnuda, con la máscara prendida y mi cuerpo todavía temblando en pequeños espasmos. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía vergüenza. Sentía poder, me sentí sensual y hermosa.

—Respira, Gatita —dijo él suavemente—. Esto recién empieza. Mañana quiero que vuelvas… y quiero llevarte mucho más lejos, desde hoy eres mía.

Asentí, todavía sin aliento.

—Sí, Señor B… 

La llamada privada terminó, pero la sonrisa que se formó en mis labios no desapareció.

Escuche el teléfono sonando, abrí los ojos al ver el letrero 

"Depósito recibido $200.000 dólares"

Le conté a Lucía emocionada lo que acababa de pasar. Ella sonrió 

—Creo que conseguiste un sugar.

Aun no podía creer que esto era posible para una mujer como yo.

Así pasaron varias semanas donde los dos jugueteabamos por la cámara, prácticamente el era mi único cliente, al único que le aceptaba privados.

Más allá del sexo, empezamos a hablar yo de los inseguridades pori apariencia, el de saber que estaba rodeado de gente falsa que le sonreía por conveniencia.

Los dos encontramos alguien seguro con el que hablar. Con el quien desahogar nuestros miedos

Cobre mi primer sueldo y gracias a él tenía más ceros de los que pensé, muy temprano me fui al supermercado a comprar varias cosas para ayudar con la despensa de Lucía.

Allí me encontré con Paul, que de inmediato se acercó a mí, me jalo del brazo con fuerza.

—¿Por que no aceptaste el dinero que te envie?¿Quieres morirte de hambre o que?

Le di un empujón intentando que me soltara 

—¡No necesito nada de ti! Déjame en paz —le pedí con un gruñido en mi garganta.

—No voy a dejar que te me salgas de las manos —intento besarme a la fuerza pero en ese momento un hombre llegó u lo detuvo de un empujón.

—¿La molesta este hombre señorita?

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