Gaspar asintió, pero Ares solo apretó los puños sobre su regazo.
—Hablaré con ella. Mañana. Es domingo. Vamos a descansar, y espero que esta noche solo sea para… —lamió sus labios, viendo su anillo de bodas— para hacerle sentir tan amada, tan segura y celebrada, que no dude de mis palabras cuando le diga que mis sentimientos me hicieron cambiar mi forma de verla. Que sí… pasó de ser mi víctima a ser mi reina. Y que es real. Todo lo que siento por ella es real.
Gaspar, quien observaba el conflic