—Aún no te muevas, déjame alimentarme un poco… —pidió ella con delicada voz.
Ares se abrió de piernas, acomodó las caderas en el sillón, haciéndose un poco más hacia el frente, lamiendo sus labios cuando la vio caer de rodillas. En un movimiento que se hizo hasta sensual, Melissa tiró su cabello hacia un lado, envolvió ese increíble ejemplar en su mano, dejando caer un salivazo que la hizo sonreír cuando se corrió como debía, y pronto lo hundió en su boca, buscando la mirada de Ares, que la ten