Ares giró el rostro. Su mirada helada se posó sobre su asistente, su consejero… y su amigo, aunque nunca se lo había dicho. Esos doce años que llevaban trabajando juntos, desde que Ares lo conoció por ser primo de su primera esposa, solo lo llevaron a suspirar. No iba a despedirlo. Porque, después de todo, aunque lo hiciera, Gaspar no se iría. Y él tampoco exigiría que lo hiciera. Así que terminó sirviéndose un poco más de whiskey, para calmar un lugar donde nada, o quizás solo su esposa, podía