Su mirada continuaba clavada en el pecho de su esposo. Las emociones la tenían completamente gobernada mientras él aflojaba la mordaza, que fue lo último que retiró de su cuerpo. Tragó saliva sin saber cómo elevar la mirada, cómo encontrarse de nuevo con los ojos castaños de un Ares que no había dicho nada, y quizás eso mismo solo lograba que las emociones en Melissa se volvieran tan caóticas como incomprensibles.
No entendía bien qué la había llevado a detener la sesión, y aunque imaginó que e