La alterada joven se puso de pie cuando tocaron la puerta. Ya lucía el vestido largo, en ese tono aperlado que su madre le había comprado, y aun cuando había llorado casi todo el tiempo, sintiéndose encerrada y realmente ahogada en ese lugar, intentó maquillarse cuando notó que el tiempo se acercaba a las siete. Estaba segura de que, en algún momento, su cuerpo se había movido por pura inercia y de que, de tanto pensar, su mente se había quedado en blanco.
Ante la puerta, no fue como esperaba