Capítulo 88. En defensa de mi hijo.
Norah, con el corazón en un puño, no dudó en marcar el número de Francesco. La línea sonó un par de veces antes de que él contestara, y su voz sonó con la habitual hostilidad que siempre había caracterizado su relación.
—¿Qué quieres, Norah? —preguntó Francesco, su tono cargado de desdén.
—Francesco, se llevaron a Max a la cárcel. Le harán un juicio —respondió ella, tratando de mantener la calma a pesar de la tormenta de emociones que la invadía.
Francesco soltó una risa sarcástica, como si la