Capítulo 31. Extrañas sensaciones.
Max no estaba en casa y la curiosidad de Abigail la llevó a explorar el dormitorio de su esposo, un espacio que siempre había considerado privado y sagrado. Con cada paso que daba, el corazón le latía más rápido, como si estuviera cruzando un rincón prohibido. Miró a su alrededor y observó los detalles que normalmente pasaba por alto: la forma en que la luz del sol se filtraba a través de las cortinas, el olor familiar de su colonia en el aire y el desorden sutil que indicaba que Max había esta