Era extraño pensar en simplemente engañar a Azriel, manipularlo. Aquel hombre de dulce mirada color avellana se había convertido en la serpiente de aquel castillo. El era dueño de las sombras y sus confidencias, de los secretos que susurraban en cada recóndito pasaje lejano, Azriel era el silencio y el eco, el se había convertido en amo y señor de todo en ese castillo. Y aun así, incluso con su impresionante poder y alcance, Ambar había conseguido engañarlo.
Los años en aquel castillo, sirviend