La tarde había llegado sobre la mansión Vercelli, en una simple vista llena de calma.
Dentro de la propiedad, las luces permanecían encendidas y algunos empleados todavía se movían por los pasillos. Después de lo ocurrido horas atrás con Leah, todos parecían estar intentando recuperar la normalidad.
Pero aquella tranquilidad estaba a punto de terminar.
En la sala de vigilancia, uno de los hombres encargados de controlar las cámaras permanecía sentado frente a los monitores. Sus ojos recorrían