Adriano abrió con cuidado la puerta de la habitación.
Esperaba encontrarla despierta, dispuesta a discutir una vez más. Sin embargo, para su sorpresa, Isabella dormía profundamente sobre la cama, abrazando una almohada.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
Por un instante permaneció inmóvil observándola. Después entró al baño, se duchó rápidamente y se cambió de ropa. Cuando salió, ella seguía dormida.
Sin hacer ruido, apagó la lámpara que aún permanecía encendida y se acostó en el otro ext