Lara
La noche estaba silenciosa, y el cuarto oscuro era iluminado apenas por la tenue luz de la luna que entraba por las cortinas entreabiertas. El calor del cuerpo de Khaled a su lado era reconfortante, y por un momento, casi consiguió olvidar el miedo que crecía dentro de ella desde la cena.
Casi.
Se volteó hacia el otro lado de la cama, intentando alejar los pensamientos que martillaban en su mente. No podía seguir alimentando ese pánico. Si él quisiera matarla, ya lo habría hecho, ¿verdad