Narrado por Lara
Llegamos a casa todavía con sonrisas atrapadas en el rostro. Mis dedos entrelazados con los suyos, su perfume pegado a mi piel, y el recuerdo de aquel milhojas aún derritiéndose en mi boca.
Pero ahora… lo que se derretía era otra cosa.
Apenas cruzamos la puerta principal, me giré frente a él. Khaled se detuvo en el mismo instante. Sus ojos bajaron de mi rostro hasta mi boca. Como si lo supiera. Como si ya lo sintiera.
—¿Por qué me estás mirando así? —preguntó con la voz baja,