Narrado por Bianca Almeida
La voluntad que tenía era de escupirle en la cara a ese desgraciado.
Hamzah permanecía allí, como si fuera algún tipo de rey, con esa sonrisita arrogante en la comisura de los labios. Como si nos hubiera vencido solo por existir, por respirar ese aire saturado de dinero, poder y corrupción podrida.
— Estás loco si crees que vas a mantener a mi hermana aquí como prisionera, Hamzah. — dije, con la voz firme, aunque el estómago se me revolvía.
Dio un paso hacia nosotros,