Lara
No conseguí dormir.
Después de la llamada con mi padre, me quedé acostada, inmóvil, con la mirada clavada en el techo del dormitorio. Sus palabras resonaban en mi mente como una sirena de guerra.
“Han desaparecido.”
“Estaban en Dubái.”
“¿Tú sabes dónde están?”
Y yo…
no lo sabía.
Pero alguien sí.
Me levanté de la cama de golpe, los pies tocando el mármol frío como si despertaran algo dentro de mí. Salí del cuarto sin pensar, atravesando el pasillo iluminado por apliques dorados. El silenci