Narrado por Lara
El teléfono vibró sobre la mesa de mármol.
Era temprano. Muy temprano.
Khaled aún dormía… o fingía.
El sol apenas rozaba la cortina translúcida, y el aire cargaba ese silencio espeso de las primeras horas del día.
Dudé.
Pero cuando vi el nombre en la pantalla…
algo dentro de mí se congeló.
Alberto.
Mi padre.
O mejor dicho… el hombre que me vendió.
Contesté.
— Lara. — su voz salió temblorosa, quebrada, casi irreconocible — Hija… gracias a Dios contestaste. Yo… ya no sabía qué ha