Taylor
Pensé que mi padre traería a uno de sus invitados habituales a cenar, un hombre robusto de unos cincuenta años, no a un maldito modelo que parece tener como pasatiempos levantar autos en press de banca y electrocutar a la gente con la mirada.
Me incorporo tan rápido desde mi postura encorvada que casi derramo vino sobre mi blusa. De pronto, siento que debí haber escuchado a mi padre y ponerme el vestido de seda en lugar de tirarme encima una camiseta para conocer al entrenador personal