KEILY
Ella pone los ojos en blanco y se da la vuelta, alcanzando una marca de licor que nunca había visto en Estados Unidos. Se agacha, toma un vaso de chupito, lo sirve desordenadamente y me lo entrega.
—Cinco euros —exige.
Busco en mi cartera y le entrego el billete, entrando en pánico al darme cuenta de que no tengo idea de si se supone que debo dar propina a los bartenders en Italia. Esta noche empieza a sentirse como un error. ¿Debería darme por vencida y regresar a mi hotel?
Mientras cont