Capítulo 8

CAPÍTULO 8

Don Antonio Strondda

Tuve que controlarme mucho para no matar al engreído tío de mi prometida. Pero voy a investigar exactamente cómo la trató, y si la tocó, no se salvará.

Por suerte, sospeché y fui a recogerla, así que está a salvo en mi casa, y a partir de mañana tendremos mucho con lo que lidiar.

Después de salir de casa, fui a mi despedida de soltero en la discoteca. Esta noche hay un espectáculo especial, preparado por mi primo Enzo, y voy a aprovecharlo para relajar la mente, ya que mi chica sólo consiguió excitarme con esos besos de antes.

Hoy me he escapado de la zona VIP, para nadie es un secreto que hoy es mi día para disfrutar de mi última noche de soltero, y me he metido entre los que estaban allí para disfrutarla, voy a beber y olvidarme de mis problemas.

Enzo ha traído a algunas putas de fuera, van entrando en el salón de una en una, cada una montando un espectáculo diferente, llevando lencería sexy y tacones altos.

Todas intentan llamar mi atención, Enzo se lo habrá buscado, pero curiosamente yo no las quiero, y me dan ganas de irrumpir en esa habitación donde está mi prometida y adelantar la noche de bodas, veinticuatro horas es demasiado tiempo para que tenga que esperar.

Sé que no puedo, seguramente habrá alguien del consejo esperando la sábana que tendré que entregar cuanto antes, y tiene que ser de color rojo sangre, así que no puedo hacerlo hoy.

Una puttana se me queda mirando mientras baila y se revuelca por el suelo, y luego se baja del escenario y empieza a sentarse en mi regazo y a revolcarse.

También llama la atención de Enzo, que se queda mirando el escenario.

- Qué raro... - comenta Enzo. Es el hijo del tío Hélio y la tía Larissa.

- ¿Extraño qué, primo?

- No les ordené que se taparan la cara, y les dije que prefería que estuvieran completamente desnudos, ¿y ése lleva un vestido? - Fui a mirar al escenario y la chica que había bajado intentó besarme, pero no se lo permití.

Miré al escenario mientras ella se levantaba frotándose contra Enzo y por un detalle casi me da un ataque... miré la muñeca de la chica del vestido y reconocí el reloj que le había regalado... era mi prima, María Eduarda, y si Enzo veía a su hermana allí se metería en un buen lío, así que tuve que ponerle freno.

- Gatita, llévate a mi primo a mi salón y dale un buen tratamiento, ¡pero no vuelvas hasta dentro de una hora! - le dije al oído y ella se limitó a asentir.

Subí al escenario y vi que mucha gente de la casa se extrañaba de que hubiera subido, así que tuve que disimular que estaba bailando con la chica:

- Te vas a casa inmediatamente, si no, ¡te saco a rastras y te entrego a tu padre! Hélio es bueno, ¡pero no tanto! - Tiré de ella por el brazo, llevándola al otro lado del escenario, y cualquiera que me viera pensó sin duda que me iba a follar a la bailarina, pero los dos sabíamos que no era así.

- ¡Suéltame, ya voy! ¡Maldita sea, sólo quería saber cómo era, Enzo viene directo y mi hermana y yo nunca podríamos hacerlo!

- ¡Entra en el coche, Duda! ¡No quiero oír quejas, si Enzo se entera, te mata!

- ¡No le tengo miedo a mi hermano!

- ¿Estás bien? ¡Duda responde! ¿Una hermosa joven en semejante antro de perdición? ¿Dónde está tu honor? ¿Y de dónde has sacado esa ropa tan diminuta? ¿Un trozo de tela mal cortada?

- Parece que estoy en la cárcel, que he cometido crímenes, por lo que parece... ¡Mi hermana acepta ser la doncella que se nos ordena, yo no!

No paraba de dar pisotones e insultarme, pero se fue a casa. La obligué a entrar y me quedé allí un rato para asegurarme de que no se marchaba, y como no me apetecía volver, abrí una botella de alcohol que había en la guantera de la camioneta y me la bebí solo.

Cuando terminé la botella, entré en la discoteca, pero no sé cómo llegué allí.

Entré en la zona VIP y allí descansé la vista, ya que no podía aguantar sin tocar a la hermosa pizpireta que seguía intentando robarme la mente.

Me desperté cuando mi primo me zarandeó y le gritó a alguien. Miré para ver a Susany terminando de vestirse y entrecerré los ojos.

- ¿Cuándo has entrado aquí? - le pregunté.

- Justo después de ti. ¿O es que te has olvidado? - Se arregló la falda y se fue, molesta.

- Tío... ¡Ni siquiera me acuerdo de ella!

- Por su cara no pasaba nada, ¡no parecía contenta!

- Ni siquiera la llamé, ¡qué entrometida! - Miré hacia abajo y vi que llevaba los pantalones puestos.

- ¡Primo, tómate esa medicina! Es tarde y tienes que quitarte esa pinta de haber estado de fiesta toda la noche, el tío Pablo ya ha llegado a la finca con tu madre, tienes que darte prisa, dúchate aquí.

- ¡Maldita sea! - Salté de la cama al ver la hora, mastiqué la medicina y me tragué el agua directamente del grifo.

Me duché a toda prisa, allí sólo tenía mi ropa normal, mi ropa de boda estaba en mi habitación de casa.

Fui a la casa donde aún vivía, pero sólo quedaba el smoking, los empleados ya se habían llevado mis cosas y las de mi mujer a la casa que había construido, había contratado empleados para la parte gruesa, pero yo era el que diseñaba y supervisaba el proyecto.

- ¿Mamá? ¡Estoy tan contenta de que hayas vuelto! Me sentía muy sola sin ti. - La abracé.

- Amenacé a tu padre y funcionó. - susurró. - Pero por lo visto no podemos retrasar más tu boda, ¿verdad?

- No... pero no te preocupes. Fabiana es un encanto, la verdad es que me está gustando casarme, ¡va a salir bien!

- No sabes lo que me alegra oír eso, ¡casi me divorcio por exigírtelo! - se quejó mi padre, pero mi madre le abrazó, así que todo fue bien.

El problema fue que no había previsto que Fabiana se pasearía por la casa, y cuando la vi en el salón y nuestras miradas se cruzaron...

- ¡Dios mío, la novia se ha desmayado! - dijo mi mamá, aterrada, y recién ahora recapacité... me vio con ropa común, sin anteojos, boinas ni pañuelos... ¡ya sabe quién soy!

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