Capítulo 9

Capítulo 9

Fabiana Prass

Oigo voces que me llaman por mi nombre, pero estoy profundamente dormida y no puedo despertarme. Siento un fuerte olor a alcohol y, de repente, tengo la sensación de haber abierto los ojos, pero extrañamente parece que estoy soñando.

- ¿Te encuentras mejor, cuñada? - me pregunta Laura y ahora siento que vuelvo en mí, pero...

- Estoy un poco confusa, creo que he visto al jardinero.

- Virgen Santa. Está delirando, hermano -le oigo decir, pero lo niego.

- Estoy un poco mareada, eso es todo. ¿Qué ha pasado? - pregunto intentando levantarme.

- Laura, déjame hablar con ella, pronto volveremos a la habitación, no te preocupes -me paré para escuchar mejor, esa voz... ¿me estoy volviendo loco? Busqué las caras con la mirada para encontrarlo.

- No la toques, Tony. Conoces las reglas - ¿Qué reglas? ¿Qué está pasando aquí? Estoy muy perdida.

- Lo sé muy bien, Laura... No te preocupes -santo Dios, es el jardinero... se acercó y se sentó en la cama, Laura no dijo nada y nos dejó solos, pero ¿cómo? Si nos ve don Antonio se va a poner furioso.

- Fabiana, ¿estás bien? - se veía serio, tal vez nervioso por estar ahí, estaba diferente, pero me dio una inmensa alegría verlo.

- ¿Hélio? - Lo abracé rápido y fuerte, sin pensarlo dos veces. Podía confiar en él, ¿Dios había escuchado mis plegarias y súplicas? - ¿Cómo entraste en esta casa? E...

- Cálmate, cálmate -me tomó de la mano y sentí que mi corazón latía rápidamente, había esperanza para mí, este hombre hace que mi corazón lata más rápido.

- ¿Cómo voy a calmarme? Sácame de este infierno, y sálvame de este hombre que odio, te lo ruego. No soporto estar aquí, tengo miedo, me repugna, llévame contigo, Hélio -me agarré fuerte a su mano, desesperada, mirándole con valentía, era mi salvador.

- Basta, Fabiana. No soy Hélio - habló fuerte y yo conocía esa voz, era exactamente igual a la de Don cuando se dirigía a mí, como siempre, grosero o gritón.

El jardinero me dio la espalda en cuanto me soltó las manos y me sentí aún más desesperada... ¿De qué estaba hablando? Ahora le miraba fijamente a la espalda.

- ¿Quién es usted? ¿No eras sólo un jardinero? - pregunté tragando en seco, con la garganta irritada.

- Puedo ser lo que quieras, ragazza -mi cuerpo se congeló al instante. ¿Podría haber un camino hacia donde mi mente me estaba llevando?

- No... eso no puede ser verdad -me acurruqué en la cama, imaginando cosas-.

- Pero eres... mi prometida. No hay necesidad de tener miedo. Por mucho que te haya dado un nombre que no es real, sigo siendo tu prometido, y seré tu marido.

- No quiero. No voy a casarme contigo -me abracé las piernas-. - No te soporto, nuestra vida será un infierno.

- No empieces a desafiarme, mi buen humor desaparecerá y sólo quedará mi lado oscuro, así que coopera -mientras hablaba su rostro se me hizo extraño. Las imágenes del jardinero se fundieron con las de Don, y ahora todo se volvió oscuro y sin vida como él.

- Quiero que vuelva el jardinero, por favor... llama al jardinero -dije en un susurro, y me debilité, dejando que las lágrimas me encontraran y me llevaran con ellas. Pero ya no veía ninguna salida, y mi última esperanza acababa de desvanecerse.

- Todavía estoy aquí. Sólo coopera y pórtate bien, y siempre seré el jardinero para ti. Eso es lo que quieres, ¿no? - puso su mano sobre la mía y yo la aparté porque tenía miedo.

- ¡Qué coño! No soy jardinero, debería habértelo dicho desde el principio -levantó una jarra y la estampó contra la pared, haciéndome estremecer. Ahora no tenía ninguna duda, era Don.

- ¡FUERA! ¡FUERA! DEJADME EN PAZ, POR FAVOR - empecé a gritar y vi que entraba gente en la habitación, y una señora de unos cuarenta y cinco años, muy guapa, me abrazó, mientras yo ocultaba mi cara, no quería ver nada más.

- Shiii, cálmate, cariño. Estoy aquí, ¿vale? Tony no te hará daño, te lo prometo. Lo he criado toda su vida con amor y le he enseñado innumerables veces cómo se debe tratar a una mujer, y si me decepciona, perderá su trabajo, porque haré que lo internen.

- Camila, cálmate -un hombre abrazó a la bella mujer junto a la cama-. - Voy a hablar con Antonio y vamos a plantar unas rosas en el jardín, no te preocupes todo saldrá bien, no te pongas nerviosa.

- OK, Pablo... voy a ayudar a la novia - dijo la mujer llamada Camila.

Mi novio se fue - o no sé quién es, ya no sé nada, y mi única esperanza de escapar murió con él, me doy cuenta que estoy destinada a sufrir mucho.

- Fabiana, mírame - Camila me sostuvo la cara suavemente, llamando mi atención. - Te juro que Tony es un buen hombre. El problema es que tiene doble personalidad y no sabe manejar muy bien sus emociones cuando está alterado, pero tengo fe en que nos ayudarás con eso, sobre todo cuando Laura me hable un poco de ti.

- ¿Porque soy pobre? ¿Porque ni siquiera puedo permitirme huir del país?

- No querida... somos mujeres y somos fuertes por naturaleza. Yo también he estado en tu pellejo y he conseguido huir de este país en las mismas circunstancias... El problema es que nadie escapa de la mafia por mucho tiempo cuando un don lo elige, y yo también volví por elección, porque vi que era lo mejor, y poco a poco me enamoré completamente de Pablo, el padre de Antonio.

- Tú pareces buena... ¿por qué él es tan diferente? Me da miedo.

- Don Pablo dice que Tony se pareció a su abuelo, que sería completamente malo que le hicieran bullying, pero yo tengo mis dudas, lo he llevado a especialistas, y todos reportan su trastorno, pero su padre lo niega, no cree en los reportes de los doctores, y dice que Tony se pareció a su padre.

Me senté en silencio a escuchar a su madre, que me ayudó a calmarme. Empezó a peinarme suavemente, mientras me contaba todas las cosas buenas que hacía su hijo, y empezó a ponerme horquillas, probablemente para mi boda.

- Elisabeth lo hizo por mí y le estoy muy agradecida. Mientras yo lloraba, ella me ponía guapa... Por desgracia, ella ya no está con nosotros para ver esto hoy.

- Desgraciadamente no puedo alegrarme de todo esto, señora.

- Querida, escucha el consejo de esta señora que ha pasado por tanto... No te pongas a discutir con Tony, ten una charla. Mantén la calma y verás que te hará feliz, te dará todo lo que quieras - tenía una mirada tierna y me acordé de mi madre.

- Comprendo, señora -me abrazó con fuerza y yo le devolví el abrazo.

- ¿Vendrá tu familia?

- Sólo está mi tío... No creo que Don lo deje entrar.

- ¿Quieres que venga? - Me miró a los ojos.

- "No", susurré.

- Entonces Tony no lo hará. Ahora dejemos de llorar y maquillémonos, ¿sí?

- Gracias, señora.

- Puedes llamarme suegra, o Camila.

- Cierto -ella tiene una sonrisa cautivadora y me trajo paz. Conseguí calmarme y dejé que me maquillara. Seguía sintiendo un vacío en mi interior, pero me dolía menos.

Entonces entró en la habitación una mujer con un precioso vestido blanco; no creo que me hubiera podido permitir uno de esos aunque hubiera trabajado toda mi vida.

La lencería que me entregó mi suegra me pareció extraña, me costó ponérmela. Era toda blanca y tenía una cinta azul claro atada a las bragas.

- No debes quitar la cinta azul, ¿vale? Es una tradición italiana", me dijo. - Lo llevé en mi boda y no me di cuenta, pero como te vi mirando, pensé en decírtelo.

- No pasa nada.

Cuando me vistieron, casi no podía creerme que estuviera tan guapa, me entraron ganas de dar vueltas por la habitación, pero cuando recordé por qué lo llevaba, se me borró la sonrisa.

- ¿Puedo mirarme en el espejo?

- Si te quitas los zapatos o el velo, sí... da mala suerte mirarse todo el traje.

- No pasa nada. Me quité los zapatos y me emocioné, ni yo misma me había dado cuenta de que podía estar tan guapa... Camila se dio cuenta y me llamó.

- Vamos, cariño. El novio te está esperando.

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