Alondra descendió del vehículo que rentó e ingresó al consorcio colombiano de café Alma mía, respiraba agitada y llena de nerviosismo, ante la visita que le haría a quien años atrás lo consideraba un amigo.
Desde que ingresó solicitó hablar con el presidente de la empresa, dejando en claro que no se iría hasta que no la atendiera, por lo que subió hacia la presidencia y se anunció con su asistente.
—Necesito hablar con el doctor Carlos Duque —indicó con voz firme.
—¿Tiene cita con él? —cuestio