Angelito se encontraba en su salón de clases, pegando algunas bolitas de papel sobre un dibujo de su superhéroe favorito. Suspiró profundo, deseando terminar rápido, para salirse a jugar.
—Izan —la maestra lo llamó desde su escritorio, pero él no respondió, siguió concentrado intentando no salirse del dibujo—. Izan —lo volvió a llamar alzando un poco más la voz, frunció el ceño al darse cuenta que era como si no la escuchara.
—Oye niño—, otro de los compañeritos, golpeó su hombre. —¿No oyes que