—Señorita Melissa —se escuchó en la voz de una mujer al otro lado de la línea—. Están investigando y yo no quiero perder mi empleo, usted me aseguró que no pasaría nada.
Melissa se aclaró la garganta.
—Te pagaré el doble, pero por nada del mundo, digas mi nombre —ordenó—, si pierdes el empleo yo me encargo de conseguirte uno nuevo, no te preocupes —solicitó—, y si no tienes salida, solamente di que esas imágenes llegaron de forma anónima.
—Eso he hecho todo este tiempo, pero siento que me es