Cap 2. La Entrevista

[VAL]

“Para ser un buen escritor, tienes que ser un buen lector” eso dijo Bertrand Russell, un escritor y filósofo británico. Y yo, estaba segura de que lo era.

Me había leído la saga de “El señor de los anillos” en dos días y dos noches, en dos semanas había acabado con “Harry Potter” y eso porque en mi mesita de noche guárdame mi marcador verde, para seleccionar mis partes favoritas (lo que me sumaba tiempo), En cuatro días y medio había terminado toda la saga de “Los juegos del hambre” (me enamoré del personaje principal) y casi lloré cuando leí “Yo Antes De Ti” (me seguía pareciendo inaceptable la decisión de Will), y fue más triste porque era una tarde lluviosa de abril, mientras me devoraba un bote de helado de pistacho y ron, al lado de la abuela, quien se había quedado un dormida sobre el sofá mientras miraba un documental sobre las Actineas, conocidas popularmente como Anémonas de mar, o mejor descritas por su filo, Cnidarias.

Ella era una fiel televidente de Animal Planet. Hasta solía llenar de esos álbumes de colección que salían en medio de los periódicos. Decía que algún día le servirían a mis hijos para sus tareas.

Mi lugar favorito de casa no es mi cuarto. Mi lugar favorito en casa es el ático, en el que tengo todos los libros que he leído a lo largo de mi vida. Desde los escritos clásicos más antiguos y renombrados, de los que los profesores piden como referencia en las escuelas para fomentar la lectura y la comprensión lectora, hasta los más nuevos y contemporáneos que eran populares en estos tiempos. Y, sin afán de sonar como ratón de biblioteca, puedo decir que cada uno me ha dejado una enseñanza diferente.

Hay quienes dicen que estamos hechos pequeños fragmentos de libros, y creo que es verdad. Creo que todos guardamos un poco de cada uno de los personajes de nuestras historias favoritas en nuestro interior. Aquellos que nos han enseñado algo que se ha quedado en nuestro corazón para siempre.

Si tomara todos los libros que guardo con tanto aprecio en mi ático y los ordenara por género en estantes, tendría una biblioteca igual de grande que la que “Bestia” le obsequió a Bella en la película.

Incluso he pensado en hacerlo algún día. 

Luego de aquel estrepitoso incidente en recepción, nos llaman para darnos un tour a los que hemos sido seleccionados para la entrevista; lo que es bueno, porque significa qué es posible que el puesto sea mío. Tengo una oportunidad entre cuatro, que somos los que pasamos a la siguiente fase.

Una señora alta, de cabello plateado y rizado, nos hace el llamado con una seña de su mano para que nos acerquemos a ella y poder guiarnos por aquel tour. A simple vista se ve que tiene una personalidad bastante afable. Por el color celeste de su uniforme puedo atinar a que se trata de una de las asistentes de los altos mandos. 

Estar aquí es uno de los sueños más grandes que he podido hacer realidad. Así que a pesar de estar a dos metros de distancia de aquel hombre que me ha robado el aliento desde que lo vi, trato de estar pendiente de todo lo que nos informan durante el recorrido.

—En editoriales Greco nos esforzamos día a día por encontrar “el nuevo éxito” de la semana, seleccionamos las mejores historias y las colocamos en los estantes de las librerías más importantes a nivel mundial. Contamos con el mejor equipo de traductores profesionales, para llevar las historias a más de 20 países del mundo. Nuestros editores trabajan exhaustivamente para pulir cada obra, y contamos con un equipo de marketing de primera calidad, los mejores en su rama empresarial. 

Nos hacen entrar a una enorme sala azul, con aire acondicionado, cortinas gigantes de color beige que cubren las enormes ventanales, en el centro una mesa hecha de cristal, el piso no es la excepción. Es tan lujoso que tenía miedo de pararme en él. De hecho todo aquí aspira lujo. Está cubierto con una alfombra de color azul océano y tiene una insignia característica de una sirena con una corona en el centro y lo demás es color azul apagado, simulando lo que creo es el fondo del océano. 

Las paredes están adornadas por cuadros con fotos de libros y sus autores. 

—No todos entran ahí. —me sobresalto al escuchar aquella voz masculina y dominante a mi lado. 

Resulta que estaba absorta en aquella pared.

¿En qué momento llegó a mi lado? 

Froto mi brazo, estoy intranquila por tenerlo cerca, no quiero volver a decir una tontería como la de hace rato. Sé que soy capaz de hacerlo y sin que me obliguen. 

—¿Po-por qué?

¡Rayos!

Tartamudeo.

Para ser un aspirante al puesto, sabe mucho sobre este lugar. 

Frunzo mi ceño y formulo una pregunta. 

—¿Ya habías venido aquí antes?.

Niega.

—De hecho es mi primera vez aquí. —confiesa, rascando su nuca y mirando hacia la puerta de salida. 

Parece desesperado por irse, algo me dice que no quiere estar aquí y que seguramente alguien lo está obligando. Por lo poco que he hablado con él me he dado cuenta de que no es de por acá. Su acento es muy extraño. 

—¿También vienes por el cargo de…?

No me permiten continuar. La chica rubia que hace rato me despertó de mi cómodo sueño mientras esperaba a ser llamada, entra por la puerta. Toma el micrófono e interrumpe a la señora que nos estaba dando el tour por el edificio.

—Ya basta, Clarisse, vuelve a tu puesto. — ordena con arrogancia.

O ella es la jefa o tanto tinte le ha dañado la cabeza y le ha quemado la humildad y la delicadeza, pero me molesta, esa no es la actitud para pedir algo y ni siquiera para ordenarlo. 

—Seguramente se acuesta con alguien aquí. —digo sin pensar, luego me doy cuenta de que lo he exteriorizado. 

El chico a mi lado enarca una ceja y me mira curioso.

—¿Quién?.

Lo miro asustada —. ¿Ah…? Bueno…

Me debato si decírselo o no, no era algo que quisiera compartir. La verdad es que mi lengua tiene vida propia y a veces dice cosas que si bien, sí pienso, las retuerce para que se escuchen peor de lo que las he pensado. 

El sujeto a mi lado, del que aún no conozco el nombre, espera mi respuesta con mucha atención y sé que es posible que pueda usar mis palabras en mi contra para quedarse con el empleo. Sin embargo, como lo dije antes, mi lengua tiene vida propia. 

—Esa chica. — La señalo con la mirada —. Es asistente al igual que la señora Clarisse, pero es demasiado mandona. Está claro que tiene su puesto asegurado y por eso es así. 

—¿Entonces… según tú nadie puede llegar lejos sino es acostándose con media empresa? —murmura divertido, pero sin dejar de ver al frente.

Niego con rapidez —. No quise decir eso, es que…

¿Es que qué, tonta?

Sí, era eso lo que había querido decir. 

Había abierto de nuevo mi boca y lo había arruinado todo. 

Dejo de intentar explicarme, porque es obvio que lo iba a terminar arruinando todo aún más, mucho más de lo que ya lo había hecho, si continuaba así. 

Bajo mi cabeza y doblo mis labios apenada, y escucho cuando vuelve a reír. 

Lo miro de nuevo, tiene sus manos metidas en las bolsas delanteras de su pantalón, está un poco más cerca y su sonrisa me ha comenzado a desestabilizar. 

Se ve demasiado sexy como para ignorarlo. 

—Tranquila. —me guiña un ojo —. Será nuestro secreto. 

Siento el rubor subir por mi rostro. Hace tiempo que alguien no me hacía sentir así, nerviosa…, confundida…, exaltada. 

Ni siquiera Mark.

Retrocede un paso sin dejar de sonreír, mirándome con complicidad. — Quizá ya llegó la persona que le quite su trono. —asegura, caminando hacia la salida. 

Eso fue demasiado extraño.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP