Mundo ficciónIniciar sesión[VAL]
El estómago comienza a pedirme comida, ya es tarde y aunque creo que quizá estoy exagerando y lo que he esperado en el restaurante es poco, al revisar la hora en mi reloj, confirmo que mi teoría de “ya es tarde” es real.
Los demás comensales ya han comenzado a retirarse, no es para menos, es casi medianoche, pero no puedo irme porque Mark dijo que vendría. Tiene que hacerlo, él nunca me ha fallado de esta manera.
Celebraríamos que él sería el nuevo entrenador del equipo de fútbol de la universidad estatal de Florida, y que yo había pasado a la segunda fase para entrar a la editorial de mis sueños. No podía olvidarse de algo tan importante, algo que era no sólo para mí, sino también para él.
—¿Ordenará algo? Tal vez su acompañante tuvo un inconveniente. ¿Está segura de que vendrá? —preguntó el mismo mesero, que ya llevaba tres veces con esta, preguntándome lo mismo.
Las dos veces anteriores había negado, pero esta vez sentía que tomaría su consejo, después de todo no me había puesto el vestido nuevo que la abuela había tejido para mí y había gastado tanto tiempo en arreglarme, solo para sentarme toda la noche una de las mejores mesas de uno de los mejores restaurantes de la ciudad, para nada.
Asentí y pedí una botella de champagne, tal vez tal y como él decía, a Mark solo se le había hecho tarde, o había tenido un… inconveniente.
O al menos eso era lo que yo esperaba.
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“Siempre que sufras, recuerda algo…. Llorarás, sentirás que te ahogas y tocarás fondo, pero lo bueno de todo eso es que solo te queda algo por hacer, subir de nuevo hasta la orilla, en la que te aseguro, te espera algo mucho mejor”.
Aquello que la abuela decía era tan cierto.
No lo pienso muy a menudo, pero quizá el hecho de haber sido plantada en el restaurante, que son casi las dos de la madrugada y que estoy mareada por beberme yo sola una botella entera de champagne, quizá tenga algo que ver.
Estoy loca, quizá más que eso, decepcionada… y por esa razón quiero aclarar los hechos y escuchar de la boca de Mark la razón por la que no llegó a nuestra cita. Quizá está enfermo y no pudo avisar. Quizás solo se durmió y perdió la noción del tiempo… quizá…
—¡Fiesta!
¡Quizá estaba en una fiesta…!
Bien, Val, no pienses mal. Es posible que solo les haya prestado el apartamento a sus amigos para hacer una pequeña fiesta que se salió de control. Es todo. Quizá él no esté aquí. Es muy posible que te haya ido a buscar al restaurante y no te haya encontrado.
Era obvio que mi conciencia me quería hacer sentir mejor. Ella, mi voz interior, me decía que Mark no era así.
A lo lejos, en medio de tantas personas que bailan como si hubiesen sido poseídos por espíritus zombies, yo creo que era Carlos, el mejor amigo de mi novio. Se encuentra a la mitad de la sala bailando con dos chicas de una forma un tanto obscena. No quiero acercarme. Sin embargo, necesito saber dónde está Mark, así que sin meditarlo tanto, en medio de empujones y llenándome del sudor de otras personas debido al poco espacio, me acerco a él y le pregunto por Mark.
—¡Vale! —exclama emocionado al verme, pero sin dejar de bailar —. ¿Te unes a la fiesta?
Niego —. ¿En dónde está Mark?.
—¡No te escucho! —señala sus oídos y luego los aparatos de sonido que resuenan a todo volumen.
—¡¿MARK?! —grito.
Hace de nuevo esa señal de no escuchar nada y se da la vuelta sin dejar de bailar, tomando por el trasero a una de las chicas, la cual no parece quejarse. Y sí, a lo que me refiero con “bailando” entre comillas, es algo muy diferente, puesto que pareciera que están teniendo sexo en medio de decenas de parejas que hacen lo mismo.
No quiero estar ahí.
Prefiero irme, pues ese lugar aparte de darme desconfianza, me provoca náuseas.
Giro sobre mis talones y —¡Maldición! —exclamo fuerte, al sentir como el líquido helado baja por mi escote, seguido del asqueroso olor a cerveza.
—¡Fíjate! —dice furioso el chico que la llevaba y con el que he chocado.
¡Estoy harta!
Lo miro como si con mis ojos le dijera hasta de lo que se va a morir, lo empujo y camino hasta las escaleras que dan al segundo piso. Me iré de este asqueroso lugar, pero antes trataré de secarme, tal vez de paso encuentro algún suéter que tomar prestado del cuarto de Mark.
Arriba está más tranquilo. La música se sigue escuchando bastante fuerte, pero al menos no está abarrotada de gente.
Voy exprimiendo la orilla de mi camisa con una mano. Con la otra abro la puerta, y al levantar la mirada hacia la cama, lo que veo hace que me quede de piedra, sintiendo como mi corazón duele y se rompe en pedacitos.
El tipo se da cuenta de mi presencia y niega asustado.
—¿Val? —se aleja de la chica con la que estaba follando y sin tener al menos el decoro de cubrirse, trata de acercarse a mí —. No es lo que piensas.
Retrocedo y me aparto antes de que siquiera me roce. No quiero tenerlo cerca.
¡Es ridículo! ¿No es lo que piensas? ¿En serio no se les ocurre nada mejor? ¿Tenía que usar una frase tan trillada?
Trato de contener mis lágrimas y disimular el dolor que el nudo en mi garganta me provoca.
Sin embargo, es inútil. Mis lágrimas ya han salido de mis ojos y mi pecho duele mucho.
—¿Ah no? —la tipa se acomoda en la cama con una sonrisa divertida al escuchar mi voz temblorosa —. ¿Y qué se supone que pasaba en realidad? ¿Le dabas clases de anatomía básica? ¿No sabía dónde están los órganos genitales, le explicaste y como no te entendió porque es estúpida decidiste meter tu falo en su coño?
—¡¿A quién le dices estúpida?! —chilla la tipa, sentándose a la orilla de la cama —¡Fue a ti a quien engañaron!
—Puede ser —a como puedo le devuelvo la sonrisa —. Soy estúpida por estar con este idiota y por la misma razón ahora la estúpida eres tú, con la única diferencia de que ambos se merecen.
—Vale… —trata de tomar mi mano una vez más —. ¡No me toques, imbécil! ¡Esto se terminó!
Sin esperar alguna respuesta de esas dos escorias, me doy la vuelta y bajo las escaleras tan rápido como puedo. Tropiezo, mas no me detengo.
Quiero salir de ese lugar.
¿Así duele el amor? ¿O lo que en realidad duele es la traición?.







