Capítulo 33.

Adrien había dormido todo el viaje, mi madre le había dado un té de melisa y se había relajado bastante, sobre todo estando en mis brazos, cuando la azafata me avisa que ya llegamos le doy a Adrien besos en la cara hasta que él comienza a despertar, abre los ojos y sonríe.

—Nunca se había sentido tan bien despertar —dice, su voz suena ronca, yo sonrío.

—Ya llegamos, cariño —digo, él asi

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