CAPÍTULO 11. LA JAULA DE CRISTAL
El edificio de Ardentis se alzaba contra el cielo gris de Aurevia como un coloso impenetrable.
Elena cruzó las puertas giratorias con el estómago apretado en un nudo. No había dormido. Después de la llamada de la noche anterior, las palabras de Adrián seguían repitiéndose en su cabeza como un eco que no encontraba salida: Quiero que dejes de huir. No era una petición. Era una advertencia de que esta vez no habría fuga posible.
Avanzó hacia los ascensores con la espalda recta, obligándose a mant