CAPÍTULO 15. EL FANTASMA DE LUNARETH
Las palabras de Adrián seguían suspendidas entre ellos.
Un dependiente legal. Registrado a tu cargo. Con tu apellido.
Elena no se movió. Su cerebro trabajaba a una velocidad que su cuerpo no podía seguir: calculaba distancias, salidas, versiones, el tiempo que tenía antes de que él terminara de hacer el mismo cálculo que ella acababa de hacer. El pánico empezó a cerrarle la garganta hasta convertir cada respiración en un esfuerzo consciente.
No era suficiente tiempo.
Si Adrián empezaba a sumar