CAPÍTULO 63
Edward se acercó a mí sin poder creer lo que veía. Tenía el rostro pálido, los ojos abiertos, y cuando tomó mis manos, noté que temblaban
—¿Estás viva? —preguntó con la voz rota—. ¿Eres tú… de verdad eres tú?
—Sí, Edward. Soy yo —le respondí con la voz quebrada
No alcanzó a decir nada más. Se desmayó frente a todos.
Grité pidiendo ayuda y varios empleados del club corrieron a auxiliarlo. Lo llevaron a la enfermería mientras yo caminaba detrás, todavía sin poder procesar nuestro reencuentro. Pero antes de llegar, Cristal me interceptó, ella tampoco podia creer que yo estaba viva y por supuesto me veía como una amenaza para su futura vida a su lado
—¿Qué haces aquí? —me gritó—. ¿Por qué regresaste? ¡Lo único que haces es destruirle la vida al hombre que amo!
Intentó empujarme, pero Ana María la detuvo de inmediato, se interpuso entre las dos evitando una discusión
—¡Cristal, basta! —le ordenó manteniendo el control —. No la toques.
—¡Ella no debería estar aquí! —insistió