CAPÍTULO 63
Edward se acercó a mí sin poder creer lo que veía. Tenía el rostro pálido, los ojos abiertos, y cuando tomó mis manos, noté que temblaban
—¿Estás viva? —preguntó con la voz rota—. ¿Eres tú… de verdad eres tú?
—Sí, Edward. Soy yo —le respondí con la voz quebrada
No alcanzó a decir nada más. Se desmayó frente a todos.
Grité pidiendo ayuda y varios empleados del club corrieron a auxiliarlo. Lo llevaron a la enfermería mientras yo caminaba detrás, todavía sin poder procesar nuestro re