La paz en Blackthorn Manor duró exactamente cuarenta y ocho horas más.
Fueron cuarenta y ocho horas de una calma irreal, suspendida en el tiempo, como el ojo de un huracán que permite ver el sol antes de arrancar los techos. Layla había empezado a sentirse mejor. El sangrado había cesado por completo y, aunque el doctor Evans insistía en mantener el reposo, le había permitido sentarse en el sillón junto a la ventana durante una hora al día.
Dante seguía allí. No había vuelto a la oficina.
Ese v