El estudio de pintura, normalmente un santuario bañado por la luz natural, se había convertido en una caja sellada.
Con el "Código Negro" activado, las gruesas persianas de acero inoxidable habían descendido sobre los ventanales, bloqueando cualquier vista del bosque y del cielo nublado de Londres. La única iluminación provenía de los focos halógenos del techo, que proyectaban una luz blanca y artificial sobre el lienzo en el que Layla intentaba trabajar.
Sus manos estaban manchadas de carbonci