—Carter… espera… Están mis padres… —susurraba Madison tumbada en el suelo, mientras él le besaba el cuello.
—Hmp —gruñó divertido, a la vez que le daba un pequeño mordisco.
Madison no podía creer que estuvieran a punto de hacer el amor en la misma habitación donde se encontraban sus padres.
Estaban todavía en el salón y justo cuando la cosa se había puesto caliente entre ellos dos, los padres de la pelinegra entraron en la sala para dejar sus regalos. Antes de que los vieran, Carter la empujó