Derek se dio la vuelta y le abrazó con todas sus fuerzas, esta vez dejando que Megan se desahogara y se tranquilizase.
Unos minutos después, la chica se fue calmando. Derek no la soltó aun así.
Vio que le temblaban las piernas por haber corrido mucho.
—¿Quieres sentarte? —preguntó con voz tranquila, contra el pelo castaño de Megan.
Ésta asintió, su cara escondida en el pecho del rubio. La tomó delicadamente por los hombros y la guió hacia el banco.
La sentó y él se quedó de pie en frente de e