Punto de vista de Astrid
La tensión flotaba en el aire tan densa que casi podía saborearla. La presencia de Aiden me aplastaba: fría, intimidante y amenazante de un modo que se me metía debajo de la piel.
Sus ojos se clavaron en los míos sin parpadear, implacables. Era como si me estuviera desollando hasta el centro mismo de mis pensamientos, diseccionándome sin siquiera tocarme. Este hombre iba a ser mi perdición.
Mi pulso martilleaba contra las costillas.
Al principio no se movió; se quedó ah