Punto de vista de Astrid
Me senté frente al espejo, inmóvil como una estatua, mientras dos criadas trabajaban a mi alrededor con manos expertas. Una acomodaba con suavidad mi cabello, sus dedos trenzando mis mechones castaños en un peinado elegante que no estaba segura de haber usado jamás. La otra estaba arrodillada an mis pies, limpiándolos y aplicándoles crema con un cuidado silencioso.
Observaba mi reflejo con una especie de asombro lejano. En las últimas cuarenta y ocho horas, todo mi mund