Astrid
Estaba sentada en mi despacho con el portátil abierto delante de mí; la luz suave de la pantalla se reflejaba débilmente en los estantes de cristal que cubrían la pared. Tenía varios archivos abiertos —proyecciones financieras, informes de adquisiciones, cronogramas—, pero mis ojos pasaban por encima de las palabras sin absorberlas del todo. Desplazaba, me detenía, volvía a desplazar, obligándome a concentrarme.
Mi última conversación con Aiden se repetía en mi cabeza, quisiera o no.
Hab