Astrid
Me encontraba en el centro del salón de baile, girando lentamente en círculos mientras mis ojos recorrían cada detalle.
Las arañas ya estaban encendidas, sus cristales capturando la luz y esparciéndola por el suelo pulido. Largas mesas alineadas contra las paredes, cubiertas con manteles de marfil, esperaban ser llenadas. Avancé unos pasos y me detuve bajo el proyector montado cerca del techo, inclinando la cabeza hacia arriba para comprobar la alineación.
—Enciéndelo otra vez —dije.
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