Selena
Me encontraba en el centro de mi habitación, con los brazos fuertemente cruzados sobre el pecho, mirando el caos extendido sobre mi cama. Vestidos de todos los tonos y cortes yacían desparramados, telas caras brillando bajo las luces. Seda. Satén. Gasa. Encaje. Cada uno diseñado por los mejores diseñores de la manada, cada uno destinado a hacer una declaración, a eclipsar.
Y, sin embargo, no podía decidirme.
Mira estaba a mi lado, su mirada recorriendo con calma la ropa, mientras mi mente giraba en espiral.
—Es la fiesta de cumpleaños de Astrid hoy —dije, con la voz tensa—. Y voy a ir allí.
Me volví hacia ella con brusquedad. —No puedo permitir que vuelva a pasar lo que ocurrió en mi compromiso. No lo haré.
Mis dedos se cerraron en puños. —No dejaré que Astrid me eclipse de nuevo. Si acaso —añadí con frialdad—, yo debería ser la que la eclipse en su propia fiesta de cumpleaños.
Mira suspiró suavemente. —Selena, cálmate.
—No puedo calmarme —repliqué, pasándome una mano por el