Capítulo 30: Caos
Arturo se sentía tan humillado.
Fue señalado como un vil y maldito ladrón, de hecho pasó esa noche retenido en la pequeña prisión del crucero.
A la mañana siguiente en compañía de dos guardias, los llevaron al aeropuerto para regresarlos a la fuerza a casa.
“Maldita sea, apenas tenga toda la fortuna que dejó ese pendejo comprare este crucero y torturare a todos esos idiotas” – pensaba temblando de rabia.
Adriana entendió que en ese momento debía estar callada para no provocarl