Unos días más tarde, Sally se observó en el espejo del recibidor de su casa. Iba completamente vestida de negro, dispuesta a salir en unos minutos en dirección a la iglesia más cercana, donde se oficiaría una misa por Servando.
Sally recordó con impotencia aquella fatídica noche, con la llegada de los servicios de emergencias, que no pudieron hacer otra cosa, salvo certificar la muerte del hombre al que amaba. Recordó que los médicos de la ambulancia también la habían atendido a ella, y como le