Meg se despertó aquel día con olor a café y bacon, y no pudo hacer otra cosa que escuchar el rugido de hambre de su estómago. Se levantó de la cama de un salto, se puso su batín para salir del cuarto, y se sorprendió de que estuvieran cocinando Levy y Ben juntos.
- Vaya, mis dos cocineros favoritos, ¿a qué debo la sorpresa?
- Menos mal que te has despertado, mamá, creí que llegábamos tarde.
- ¿Tarde? Pero ¿adónde podríamos llegar tarde?
- Sssshhh- dijo Levy, y Ben se tapó la boca con las manos.