Las manos de mi angelito acariciaban mi piel desnuda, mientras el suave vaivén de nuestros cuerpos me volvía loca.
-Déjame tocarte.
Era la voz del niño bonito que se colaba por mis oídos, mientras se colocaba detrás de nosotros y tomaba mis pechos con esas manos fuertes que me habían acariciado esa noche que todo se volvió una locura.
Su boca se apoderó de la mía y su miembro empieza a jugar con mi raja, mientras mi angelito movía sus caderas para hacer más profunda su intrusión y mierda, se