Escuché la puerta cerrarse. Ella se había ido y nuevamente me había dejado con esa sensación de desazón.
-¡Mierda, mierda, mierda y más mierda!- golpeo el azulejo del baño al ver las marcas en mis muñecas ¿Cómo haría para cubrirlas? ¿Debería usar dos relojes? ¿Qué mierda me había pasado recién?
Esto que me estaba pasando me decía que ya no era yo, ni en un millón de años habría dejado que me amarraran y colgaran de una viga para parecer un maldito títere, pero la sensación de asfixia me dejó