Después de un contratiempo inesperado y con la cara de mi niño bonito de tres metros, bajamos las escaleras del jet privado de la constructora.
—Ya, cariño. Deja de poner cara de burro, aunque algo de burrito tienes.
—Vannah— me encanta, entendió de inmediato a qué me refería y está todo rojo y apenado.
«¡Cómo amo a este hombre!»
—Ahora que estamos en confianza ¿Me vas a decir quién mierda es Louise?
—Eso mismísimo quiero saber yo, porque no entiendo qué hago aquí en Suiza en vez de estar trab