PIERO
La mañana trascurría lenta y no podía enfocarme en el proyecto en el que me había hundido para olvidarla. Frustrado, lancé la maldita maqueta que tenía en frente al suelo, arrasándola con la mano. Me lancé a mi sillón y cerré los ojos, intentando calmar la rabia que sentía por dentro al recordar aquello, cuando oí dos golpes en la puerta y esta abrirse para que apareciera Leo, flameando un pañuelo blanco antes de entrar.
Rodé los ojos y negué con la cabeza, mientras él entraba mirando el