SABRINA
—Yo… yo…
—Alina está embarazada —lanzó Sara y me quedé sin habla.
—Acaba de enterarse; tiene cuatro semanas de embarazo —acotó Mila y entorné los ojos.
—Pero… estábamos en París hace un mes. ¡¿Cómo es posible?! —Prácticamente grité, porque Alina detestaba la idea de ser esposa y peor aún; ser madre.
—Fue en París… —dijo en un hilo de voz y fruncí los ojos mirándola con detenimiento.
—No me vengas con que el padre es…
—Leo. —Terminó por mí con los ojos cristalinos y se lanzó a la cama a