PIERO
Verlo entrar a mi oficina de un modo desafiante, logró hacer que me hirviera la sangre. Sin embargo, mis sentimientos negativos hacia ese hombre eran absurdos, comparado con lo que fue a decirme.
«Usted no está casado con Sabrina porque ya tiene esposa; ¿o acaso lo negará?»
Fueron sus palabras y sentí que el cielo caía despacio, pero firme, sobre mí.
Presioné mis manos en puños y aunque no deseaba en absoluto mantener una conversación con el sujeto que a leguas se notaba seguía enamorado