Capítulo 24
El auto se deslizaba con elegancia sobre el asfalto mientras un silencio espeso envolvía a sus ocupantes. Irina llevaba la vista fija al frente, aunque a cada cierto tiempo desviaba los ojos hacia el retrovisor para observar a Gail, su hijo, que jugaba tranquilamente con sus carritos de colores en el asiento trasero. Su pequeño murmuraba efectos de sonidos, ajeno a la tensión contenida en la parte delantera del vehículo.
Leone iba al volante, sereno, sin decir una palabra desde que