Capítulo 34
La noche había caído sobre la ciudad con un manto de calma que contrastaba con la tormenta silenciosa que se gestaba en el interior del pequeño departamento de Irina. En la cocina, la única luz encendida iluminaba tenuemente los rostros de los dos adultos sentados frente a frente, separados por una mesa de madera donde solo reposaban dos tazas de té. Irina tenía los dedos entrelazados, la mirada firme y el ceño ligeramente fruncido. Leone, por su parte, tenía la postura relajada, p